Archivo de la Categoría “Recuerdos pasados”

En el artículo anterior, que en el blog se ve después de éste, relataba como había sido recibir tan terrible noticia, pero lo que no me esperaba es que mi hermano Jose escribese un comentario relatando como lo vivió él, hay cosas que conocía y cosas que desconocía, supongo que nunca hay un momento para hablar de cosas tan desagradables. Me ha gustado mucho ese relato, es duro, si lo es, es crudo, si también, pero es que ser consciente de tu muerte o de un ser querido cercano lo es, pero creo que se puede aprender de todo esto y mucho, por eso lo considero interesante. (Estamos hablando del 20 de diciembre de 2006)

Hola, Ivan.

Terrible, el relato, como terrible fué la situación. Situación por la que pasará mucha gente diariamente cuando reciben la noticia de que tienen un cancer, cuando muchas veces inicialmente no se sabe gran cosa de éste, ni de su futura evolución, … cuando posiblemente ni siquiera esté confirmada su existencia.

Recuerdo muy bien el momento en el que el Jefe de Neurología del Juan Canalejo nos dió la noticia. Entramos en su despacho. Fué directo y al grano: “Tiene metastasis. Hay que enviarlo a Oncología”. Nos quedamos mudos, helados. Cuesta creerlo. Recuerdo que me sorprendió mucho la absoluta seguridad con que lo dijo. “Es mestastasis”. Contundente. No dejó lugar a dudas. Me sobrepuse lo suficiente como poder hacerle preguntas. No sé muy bien cómo lo hice, el shock era muy fuerte, supongo que pensando en cómo te lo iba a decir a ti, pensé en qué preguntarías tú, en si habría alguna posibilidad de error, algo a lo que agarrarse para poder decirte “todavía no es seguro del todo”… y le pregunté ¿ Es seguro ?. “Si”, fue su respuesta. Nuevamente con un tono contundente. Me negué a aceptarlo. P ero… ¿ es *absolutamente* seguro, no existe la posibilidad de que esas manchas sea por otra cuestión, por rara que sea, es seguro *al 100%*, no existe ni la más *mínima* posibilidad de error ?. La pregunta y mi tono fueron esta vez tan contundentes como sus afirmaciones. No quería oir la respuesta más lógica, basada en apreciaciones personales, ni en estadisticas. Quería asegurarme de si quedaba alguna esperanza de que no fuese mestastasis. El Dr. dudó, y finalmente dijo “Hombre… el 90 o 95% de las veces se confirma”. Vale. Me sirve. Hay esperanzas. Si no, no sabría cómo decirtelo a ti.

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Nota: Este artículo es bastante duro y realista, sobre todo para la familia que vivió aquellos momentos, así que prefiero advertir antes de su lectura.

Recuerdo muy bien aquel día, 20 de diciembre de 2006. Se me ha quedado grabado a fuego en la memoria, aunque ya no me produce mala sensación, sólo quiero contarlo porque no me gustaría que a nadie más le pasase algo así.

Estaba en mi habitación de neurocirugía de Juan Canalejo, llevaba exactamente un mes ingresado y los diagnósticos se habían retrasado mucho, aún no sabía lo que tenía, pero estaba contento porque la tarde anterior en una ganmagrafía me habían descartado la existencia de metástasis en las vértebras, así que parecía que no habría nada malo.

Entró mi suegra en mi habitación y me sorprendí, le pregunté que porqué había venido y me dijo que simplemente para acompañar a mi mujer. Me dijo que había entrado a hablar con el médico junto a dos de mis hermanos, en ese momento, ingenuo de mi, no me di cuenta de nada, charlamos un poco y tuvo que salir porque entraba la señora de la limpieza a hacer la habitación.

Charlé animado con la de la limpieza como hacía todos los días, se que estuvimos hablando sobre el libro que estaba leyendo en aquellos días, Los Pilares de la Tierra, qué adecuado, pienso ahora. Cuando ésta se marchó me quedé pensando y esperando a que secara el suelo para ver si entraba mi familia.

De pronto caí de la burra. Ese no era día de información de los médicos, además ¿porqué habían venido dos de mis hermanos si ese día era laborable? Algo estaba pasando, por eso quiso venir mi suegra, para no dejar sola a Silvia. Como el suelo estaba todavía mojado me dijeron que iban a la sala de espera y luego venían.

Esperé a que se secase el suelo y me levanté decidido a ir hasta la sala de espera. Estaba al final del pasillo, no recuerdo lo que iba pensando, pero si se que para entrar había que girar a derecha y ya se abría toda la sala. Cuando iba a hacer el giro para entrar, decidí entrar despacio, haciéndome ver, por si estaban hablando algo importante les diese tiempo a callarse y no oir nada que no debiese.

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