Nota: Este artículo es bastante duro y realista, sobre todo para la familia que vivió aquellos momentos, así que prefiero advertir antes de su lectura.

Recuerdo muy bien aquel día, 20 de diciembre de 2006. Se me ha quedado grabado a fuego en la memoria, aunque ya no me produce mala sensación, sólo quiero contarlo porque no me gustaría que a nadie más le pasase algo así.

Estaba en mi habitación de neurocirugía de Juan Canalejo, llevaba exactamente un mes ingresado y los diagnósticos se habían retrasado mucho, aún no sabía lo que tenía, pero estaba contento porque la tarde anterior en una ganmagrafía me habían descartado la existencia de metástasis en las vértebras, así que parecía que no habría nada malo.

Entró mi suegra en mi habitación y me sorprendí, le pregunté que porqué había venido y me dijo que simplemente para acompañar a mi mujer. Me dijo que había entrado a hablar con el médico junto a dos de mis hermanos, en ese momento, ingenuo de mi, no me di cuenta de nada, charlamos un poco y tuvo que salir porque entraba la señora de la limpieza a hacer la habitación.

Charlé animado con la de la limpieza como hacía todos los días, se que estuvimos hablando sobre el libro que estaba leyendo en aquellos días, Los Pilares de la Tierra, qué adecuado, pienso ahora. Cuando ésta se marchó me quedé pensando y esperando a que secara el suelo para ver si entraba mi familia.

De pronto caí de la burra. Ese no era día de información de los médicos, además ¿porqué habían venido dos de mis hermanos si ese día era laborable? Algo estaba pasando, por eso quiso venir mi suegra, para no dejar sola a Silvia. Como el suelo estaba todavía mojado me dijeron que iban a la sala de espera y luego venían.

Esperé a que se secase el suelo y me levanté decidido a ir hasta la sala de espera. Estaba al final del pasillo, no recuerdo lo que iba pensando, pero si se que para entrar había que girar a derecha y ya se abría toda la sala. Cuando iba a hacer el giro para entrar, decidí entrar despacio, haciéndome ver, por si estaban hablando algo importante les diese tiempo a callarse y no oir nada que no debiese.

Así fue, no oí nada y al verme se callaron. Los vi a todos con la cara desencajada. A mi derecha mi hermano Jose y mi hermano Rober, a mi izquierda sentadas Silvia y mi suegra a las dos se les notaban las lágrimas en los ojos. Les pregunté ¿Qué os han dicho? y comenzó la tragedia.

Me dijeron, no recuerdo muy bien quien, solo se que fue uno de mis hermanos, tienes metástasis en varios órganos. Los miré a todos, no podía ser, Silvia lloraba aunque intentaba no hacerlo, no puede ser, pensaba, de pronto se me vino una imagen a la cabeza, una hiedra crecía dentro de mi cuerpo y lo invadía todo, esa fue mi imagen de las metástasis. Creo que no pude ni llorar, estaba como en shock, era totalmente consciente de que estaba jodido, muy jodido, sólo podía pensar en que no podía abandonar a Silvia, no era justo. ¿Seguro?, pregunté. Mi hermano Jose me dijo que habían dicho que con un 95% de posibilidades, ha habían encontrado mestástasis en dos vértebras, hígado y ambos pulmones. Van a venir los oncólogos a verte y te van a trasladar a la planta 11 de oncología.

No recuerdo mucho más de esa sala, se que volvimos a la habitación, por el pasillo al pasar por el puesto de enfermeras, las vi mirando para mi, calladas, sin saber que decir, sus ojos también denotaban la impresión que mi noticia les había producido, a una de ellas me pareció que se le deslizaba una lágrima que trató de disimular. Fue impresionante, es como asistir a tu propio funeral y ver las caras de la gente al ver como pasa el féretro.

Sonó mi móvil, recordé que iban a venir el grupo de mis 6 alumnas, Eva y Carmen que andan por este blog son dos de ellas, se habían juntado para venir a la vez y traerme un regalo. Tuve que mentirles, no podía decirles lo que me pasaba por teléfono, seguro que luego lo entenderían, les dije, con la mejor voz que pude, que me habían venido a buscar por sorpresa a una prueba que no se cuando iba a tardar, que mejor lo dejábamos para otro día. Se que le dejaron a alguna enfermera el regalo que me traían.

En la habitación lloré con Silvia, no me lo podía creer, pero me prometí que lucharía, que Silvia me vería luchador hasta el último segundo de mi vida, se lo debía, me lo debía. Empecé a pensar en mil cosas, por fin me asusté, me daba rabia perderme todo lo que me esperaba, no podía ser, ¿porqué yo? Si había tenido una vida sana, si he sido buena persona, ¿porqué? Nunca hay un porqué, es así, el azar de tus genes que te juega una mala pasada.

Empecé a pensar en la quimioterapia que seguramente me esperaría y se me vino a la cabeza la película Elegir un Amor (Dying Young), sale Julia Robert y se dedica a cuidar de un enfermo de cáncer, muy rico, pero que las pasa canutas, lo recuerdo vomitando, sin pelo, a oscuras en su habitación, con sudores, escalofríos, llorando… vamos una imagen terrible. Por eso no me gusta este sistema, en el que primero te dicen que tienes un cáncer y te dejan un mes esperando por los resultados de una biopsia, luego te dicen que quimioterapia y no te explican realmente lo que te espera, que no es tan tan malo. Evidentemente hay tipos y tipos de quimioterapia, en mi caso nunca vomité, no se me calló el pelo, estaba bastante fatigado y le cogí manía a algún olor y a algún sabor, pero nada más.

De esto ya hace más de 4 años, y aunque fue terrible y me hicieron pasar la peor navidad de mi vida, ahora ya es tan sólo un recuerdo, el recuerdo de un grave error que nunca debió de suceder, pero ya es algo que no me produce, ni tristeza, ni angustia, ni nada negativo. Si lo recuerdo es porque aprendí mucho de aquella situación y me gusta contarla, porque las cosas se pueden hacer de otra manera, sin más gasto sanitario y con mucha más humanidad, solo hace falta voluntad y que cambien mucho las cosas.

Me ocultaron que los doctores les habían dicho que como mucho de 6 meses a un año de vida. Dio igual, yo leí mucho sobre el tema y tuve claro siempre que el pronóstico era pésimo y que era difícil llegar a vivir 6 meses, me faltaban 3 meses para cumplir los 36 y no sabía siquiera si podría celebrarlos.

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3 Respuestas a “El día en que te dicen que tienes un cáncer incurable”
  1. Jose Luis dice:

    Hola, Ivan.

    Terrible, el relato, como terrible fué la situación. Situación por la que pasará mucha gente diariamente cuando reciben la noticia de que tienen un cancer, cuando muchas veces inicialmente no se sabe gran cosa de éste, ni de su futura evolución, … cuando posiblemente ni siquiera esté confirmada su existencia.

    Recuerdo muy bien el momento en el que el Jefe de Neurología del Juan Canalejo nos dió la noticia. Entramos en su despacho. Fué directo y al grano: “Tiene metastasis. Hay que enviarlo a Oncología”. Nos quedamos mudos, helados. Cuesta creerlo. Recuerdo que me sorprendió mucho la absoluta seguridad con que lo dijo. “Es mestastasis”. Contundente. No dejó lugar a dudas. Me sobrepuse lo suficiente como poder hacerle preguntas. No sé muy bien cómo lo hice, el shock era muy fuerte, supongo que pensando en cómo te lo iba a decir a ti, pensé en qué preguntarías tú, en si habría alguna posibilidad de error, algo a lo que agarrarse para poder decirte “todavía no es seguro del todo”… y le pregunté ¿ Es seguro ?. “Si”, fue su respuesta. Nuevamente con un tono contundente. Me negué a aceptarlo. P ero… ¿ es *absolutamente* seguro, no existe la posibilidad de que esas manchas sea por otra cuestión, por rara que sea, es seguro *al 100%*, no existe ni la más *mínima* posibilidad de error ?. La pregunta y mi tono fueron esta vez tan contundentes como sus afirmaciones. No quería oir la respuesta más lógica, basada en apreciaciones personales, ni en estadisticas. Quería asegurarme de si quedaba alguna esperanza de que no fuese mestastasis. El Dr. dudó, y finalmente dijo “Hombre… el 90 o 95% de las veces se confirma”. Vale. Me sirve. Hay esperanzas. Si no, no sabría cómo decirtelo a ti.

    Me ha quedado muy grabado aquel momento con el Dr. … será un muy buen doctor, pero como persona dejó mucho que desear. Lo recuerdo frio, duro, seco, y contundente. Quizas sea porque no hay una forma “buena” de comunicar una noticia asi. Quizas sea porque no convenga crearle falsas esperanzas al paciente. Quizas sea porque tiene que hacerlo una y otra vez, diariamente, o casi diariamente, y llegue un momento en que se los médicos se insenbilicen, pero creo que los gestores de hospitales deberían tomar buena nota: pongan Vd. a los mejores médicos como jefes de planta, a hacer diagnosticos, a tomar decisiones… y pongan a las mejores personas a comunicar este tipo de noticias a los pacientes. Porque no tienen necesariamente porqué coincidir.

    Aquel fué un dia duro, si, y las siguientes semanas también, a la espera de pruebas y mas pruebas, y el hecho de que todas iban siendo “poco concluyentes” (creo que esta es la frase que más he oído a lo largo de estos años a los oncólogos). La noticia de que finalmente eran un colangio-carcinoma, estadio IV, y que no te quedaba más que un año, fué algunas semanas posterior. Rober y yo llegamos a la conclusión de que decirtelo no iba a aportar nada positivo. Por otra parte, tampoco tendría agallas para decirtelo, asi que decidimos callarnoslo… incluso a mamá, y a Silvia.

    Claro que también me imaginé, como así fué a los pocos días, que no te ibas a quedar quieto sabiendo el nombre del “bicho”, como a mí me gusta llamarlo, y que llegarías a dicha conclusión por tí mismo.

    Pero de todo esto hay otro momento que también recuerdo bien, cuando fuimos a Navarra a pedir una segunda opinión, a confirmar si realmente el diagnóstica era correcto o no, y no sé porqué, recuerdo perfectamente que iba convencido de que lo iban a desmentir. Supongo que sería el típico mecanismo psicológico de defensa, de negación de la situación, pero estaba convencido de que no iban a confirmar el diagnóstico.

    Todavía sigo sin enterder cómo es posible que se comete semejante error en un hospital, que vayas a otro, te tengan horas en un quirófano, y la conclusión sea la misma… erróneamente, de nuevo.

    La verdad es que todo esto es para escribir una novela… Diagnostico erróneo, confirmación erróneo de dicho diagnóstico, fuerte quimioterapia… también errónea y probablemente mas dañina que el propio cancer, meses así… hasta que la evolución no cuadra, reconocimiento de error en el diagnostico, y vuelta a empezar, pruebas y mas pruebas buscando “ponerle nombre y apellidos al bicho”, volver a oír constantemente aquello de “resultado inespecífico”, para finalmente dar con el diagnostico definitivo, y … vuelta a comenzar una nueva lucha cuando tus pulmones se deterioran considerablemente, y te deniegan el transplante.

    Nadie, excepto tu, Silvia, y la familia cercana, se puede imaginar la enorme lucha que has librado, no solo con el cancer, sino con la enorme cantidad de barreras que te encontraste por el camino, logrando derribarlas todas, una por una, planificando las acciones, estudiandolas, trabajando con tesón, sin un momento de descanso… fué un proceso increíble, sin un momento de descanso, trabajando . Yo no me lo podía creer.

    Tengo claro que estás aquí, que estás vivo, porque has luchado con un tesón y una inteligencia poco comunes. Hasta Antón está con nosotros porque lograste que corrigieran los graves errores de procedimiento, unos días antes de comenzar la quimioterapia. Si algo así nos pasase a los demás, estaríamos en el otro mundo.

    Yo no sé si existe un Dios en este mundo, pero si existe, tiene que saber que sería injusto, después de todo esto, que tu historia acabase mal. Injusto para ti, para Silvia, y para Antón.

    Espero que dicho Dios exista, y que la Justicia impere para tí y tu familia.

    Espero verte pronto aireándote con normalidad, con la satisfacción que produce saber que has hecho todo lo que has podido para vencer al cancer y a todas las circunstancias que lo han rodeado, y que lo has logrado.

    Un saludo, y a seguir luchando.

    Tu hermano.

    Responder
  2. Ivan dice:

    Guau, mi artículo explica con crudeza lo que se siente, pero la otra visión, la del familiar, de como lo vive, de como plantea como se lo va a decir al paciente, me parece tremenda.

    Creo que de comentario se merece pasar a artículo.

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  3. María José dice:

    “Si existe un Dios, éste no sólo es un as en dejar huellas sino, sobre todo, un maestro en esconderse”.

    Responder
  4.  
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