Hace 15 años, cuando empezó a hablarse de epigenética, pocos pensaban que aquella palabreja tendría implicaciones reales para los pacientes. Hoy en día son cada vez más las evidencias que demuestran que habrá que hacerle caso a esta ‘prima hermana’ de la genética para descubrir las claves de muchas enfermedades, entre ellas el cáncer de mama.

La epigenética estudia cambios en la expresión de los genes que no viene determinados por el ADN, sino que más bien son alteraciones químicas que hacen que los genes se expresen más o menos (se ‘enciendan’ o se ‘apaguen’) en función de ciertos factores ambientales (como la dieta o el estrés).

Y en esos cambios han centrado su atención investigadores del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York (EEUU), entre ellos, el español Joan Massagué, que acaban de publicar sus resultados en las páginas de la revista ‘Science Translational Medicine’.

“Cada célula de nuestro cuerpo contiene los 22.000 genes que componen el genoma humano, pero sólo utiliza una porción de ellos para comportarse como debe. El resto de los genes se mantienen en ‘silencio’ mediante una reacción química (metilación) que la célula impone sobre los miles de genes que no toca utilizar”, explica Massagué a ELMUNDO.es desde Nueva York. “A este nivel de control, por encima de la genética, le llamamos epigenética”.

Tumores de peor pronóstico

Utilizando muestras de tumores de 39 mujeres con distintos tipos de cáncer de mama (de las que ya sabían cómo había sido el pronóstico y cuál su riesgo de metástasis), el equipo encabezado por Timothy Chan analizó un amplio panel genético buscando posibles cambios epigenéticos que pudiesen relacionarse de alguna manera con el pronóstico de cada una de las pacientes.

De esta manera demostramos que “los tumores más agresivos y que producen más metástasis poseen un patrón epigenético común entre ellos y muy distinto del que producen los menos agresivos”, añade el investigador español. Al parecer, el patrón epigenético que se ha descubierto permite que se active un gran número de genes en un tumor, entre ellos, los que permiten a la célula migrar de la mama a otros órganos del cuerpo, es decir, originar metástasis (la principal causa de muerte entre los pacientes oncológicos).

“No es el primer estudio de este tipo”, señala a ELMUNDO.es el doctor Manel Esteller, director del Programa de Epigenética y Biología del Cáncer del Instituto de Investigaciones Biomedicas de Bellvitge (Idibell) y uno de los mayores especialistas mundiales en epigenética. Aún así, afirma, este trabajo sigue reafirmando la importancia de la epigenética y demuestra que los genes por sí solos ya no valen para explicar esta enfermedad y predecir cuál será la evolución de cada paciente.

Fuente: El mundo.es Salud

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